Luego del terremoto en Ecuador *

12994587_10208191607259130_353288292988089498_n* publicado originalmente en la revista Cubanos Gurú http://www.cubanos.guru/terremoto-en-ecuador/

Yo había experimentado lo que es un temblor de tierra en Santiago de Cuba donde estudié durante 5 años. Pero como el del 16 de abril en Ecuador no hay comparación.

Estábamos en casa de Roberto y su esposa, de pronto sentimos un movimiento extraño. “Está temblando”, nos dijimos casi a coro.

En segundos, nos pusimos de pie. Salimos afuera de la casa y con nosotros todos los inquilinos, muchos de ellos cubanos.

La tierra vibraba. Se empezaron a escuchar gritos, voces y no sabíamos a donde ir. Entonces todo el mundo decidió agolparse en la calle. Afuera los autos iban y venían, como si nada. Una muchacha lloraba. Alguien dijo que los cables eléctricos “bailaban”.

Yo experimenté una sensación de mareo, parecido a cuando juegas a dar vueltas. Fueron varios segundos en que recordé un par de películas donde la tierra se abre y se traga todo.

No voy a decir que pensé en mi Madre, en Dios, en mi última voluntad. No. Pero me impresionó la escena, fue muy real, tan real como una leve taquicardia y un dolor de cabeza que sentí y que se mantienen mientras escribo estas letras.

Sólo le tomé la mano a mi novia y se la apreté fuerte. Cuando regresó la calma, revisamos los teléfonos móviles, prendimos la radio y la tv. En el dial, salvo Radio Zaracay, todas las estaciones transmitían música y su programación habitual.

Las televisoras emitían dibujos animados y en un zapping prolongado, nos dimos cuenta que ninguna interrumpió su parrilla habitual. Sólo las redes sociales nos aportaron los primeros detalles.

Gracias a Facebook supe que unos 30, de 101 amigos míos cercanos a la zona afectada, estaban bien. Yo les hice saber lo mismo. Con Instagram y Twiter pude colgar las primeras imágenes.

Los que pudieron, hicieron sms, correos electrónicos y videollamadas a Cuba o a Estados Unidos. Lili, en Guantánamo, y Arnaldo, desde Matanzas, ofrecieron a los cubanos en Ecuador llamar a sus familiares si le escribían un mensaje de chat.

El aluvión de solidaridad se completó con Paola y Onorys desde Bolivia, Anita, desde Costa Rica, Leonel en Tampa, Alianka desde Trinidad y Tobago, Annette desde Miami, todos cubanos diseminados por el mundo, preocupados por su gente.

El Centro Médico de Especialistas Cubanos (CEMEC) en Quito anunció su disponibilidad para atender de forma gratuita a toda la población que lo necesitara y dispuso dos canales telefónicos al efecto.

Las televisoras comenzaron a difundir las noticias: desde 1979 no se reportaba un terremoto de tal magnitud, 7.8 en la escala de Richter, más de 55 réplicas y 41 fallecidos. Ecuador declaraba el Estado de Excepción.

Fue un instante muy emotivo que no se compara con aquellos “murmullos” que viví en Santiago. Una camagüeyana escribió: “tantas vidas se perdieron en 50 segundos. No he sentido tanto pánico en toda mi vida, ni tanta soledad…. pero gracias a Dios estoy bien y rezando porque no se repita.”

Ahora estamos en casa de Roberto, arropados, con una mochila cerca. Dentro cédula de identificación, agua, radio portátil, alimentos, pasaporte y otras cosas necesarias, rogando a la Virgencita su intercesión para que no haya más réplicas.

Lo triste es que otros muchos, en este minuto, también rezan a Dios y a María con la misma finalidad y para pedir paz, consuelo y resignación por los suyos que ya no están.

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