Don’t hate the player… … hate the game.

Escrito por Charly Morales Valido 

En mi intento de seguir cerca desde esta lejanía, soy un fiel lector de Fernando Ravsberg porque lo considero la voz más creíble de las muchas que narran la compleja Cuba de hoy, a través de esas cartas que cada semana “nos” envía desde su blog en BBC Mundo…

Cuestionador incómodo para los extremos de ese círculo vicioso en que gira el Caimán, este colega cerró hace poco otro examen crítico de la prensa cubana con una idea que me soltó hace un tiempo, chateando, y que ni entonces ni ahora comparto…

Aquella vez le comenté que estaba harto de que los periodistas fuéramos el chivo expiatorio de las ineficiencias de nuestra prensa, porque me consta que no son pocos los que hace años promueven un ejercicio más digno de nuestra profesión…

Ravsberg coincidió en que muchos colegas cubanos tienen talento, inteligencia y conocimientos, pero consideró que faltaba el valor para estar dispuestos a perder el trabajo, tesis que repitió en “El Granma, un Yate a la deriva“.

Yo entiendo su punto, y no dudo que lo emita desde una incuestionable ética y el amor que le tiene a Cuba y a nuestra profesión, pero yo me pregunto:

Pierdo mi trabajo… ¿y qué?

Supongamos que me fundo y cedo el ínfimo espacio desde el que defiendo valores que van más allá del mero oficio de informar, tratando de ser ese auditor de la realidad que debería ser el periodista revolucionario…

Ok… ¿y entonces qué?

Ya les digo qué: nada… Un incordio menos para quien prefiera la propaganda al periodismo, la nebulosa a la transparencia…

Yo no creo que el nuestro sea un problema de timbales para arriesgar un salario que, por cierto, es tan mierdero que solo el amor a esta profesión explica los infartos, las gastritis y las recondenaciones que sufrimos por su culpa…

Pero al menos yo, como periodista y militante, solo aceptaré mi responsabilidad en las falencias que nos recriminan discurso tras discurso, el bendito día en que los periodistas decidamos qué se publica, cuándo, cómo y dónde…

Hasta entonces, chitón everybody, y que nadie le exija rigor a un reportero que indaga y recibe la callada o el truene por respuesta, sin siquiera el recurso de la denuncia del silencio, o el desagravio del emplazamiento público.

Y total, al final ese reportero es apenas un disciplinado pitcher que no tiene más remedio que lanzar por la zona que el árbitro considera strike, aunque ni el público ni el pitcher estén muy convencidos…

Lo jodío es que esa puñetera zona es tan estrecha, que al final revientan a batazos a un lanzador predecible, que sobrevive a base de curvas y cambios de velocidad, sabiéndose con más en la recta… Podría irse a jugar en otra liga u otro deporte, pero persevera porque ama la pelota, ama su equipo, y no pierde la esperanza de que el árbitro amplíe su margen para defender el partido…

¿Se entiende la metáfora beisbolera? Eso espero, porque hay más…

Si vamos a jugar pelota seria y no de manigüa, también los managers deberían ser como Victor Mesa, que fue inmenso como jugador, y ahora no tiene miedo a protestar y armar lío ante cualquier arbitrariedad arbitral, y valga, porque sabe que no solo defiende a sus peloteros, sino algo más grande aún: un deporte que a muchos les parecerá absurdo, pero que para nosotros es la vida misma…

Al igual que a la pelota -y mil cosas más-, al periodismo cubano le urge renovarse y renovar conceptos, más en esta era de la información, en que millones de cubanos reportan a diario la cotidianeidad sin Internet, ni una imprenta, ni salir en cámara…

Por ejemplo, aparte de este, yo tengo otros dos blogs donde canalizo inquietudes y estilos paralelos a los intereses editoriales y las normas de redacción de la agencia, pero que complementan un trabajo donde igual me siento realizado…

Tampoco abriría un blog para disfrazar de alternativo el discurso oficial, ni para clonar lo mismo que ya se reproduce en mil y un espacios: yo cuento mi Cuba, la mía, la que viví y la que aspiro a vivir, con más historias y menos consignas…

Por eso no creo que la solución sea estar dispuesto a que me boten o a renunciar, sino atreverme a crear espacios donde la política editorial sea mi conciencia, y el límite no lo impongan cuartilla o minutos, sino mi capacidad y mis ganas…

En resumen, yo creo que Cuba necesita periodistas con más independencia, que no es lo mismo que periodistas independientes. Como tampoco es lo mismo disentir que ser disidente…

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