Charada

Marta, una morena de la terminal de Camagüey, se compadeció tanto de nuestra estatura que, a petición mía, nos cambió los asientos.

Los que, como yo, no tienen mucho de asiático, les resulta difícil viajar en la ruidosa y apretada “cocina” del ómnibus Yutong. Las rodillas chocan y los sillones reclinables tienden a arrinconarte, sobre todo en los últimos números. Por suerte pasamos a los puestos 19 y 20.

La permuta convino pues queríamos esquivar aquel niño con pelota, malcriado y llorón. No pudimos pues el chiquillo quedó a la diestra de nosotros en el viaje hacia Cienfuegos. Le hicimos un vídeo mientras lloraba a moco tendido por un golpe en sus dientes. Dialogamos con Madre y Tía y degustamos sus empanadillas con guayaba hechas por una parienta cuentapropista.

Ellos iban para el municipio de Cruces, nosotros seguiríamos hasta Santa Isabel de las Lajas. Allí llegamos un viernes,  en un almendrón que nos dejó en el centro del pueblo, horas antes de que comenzara la peregrinación hacia la tumba de Benny Moré, cuya muerte se recordaba en todo el país.

Pasamos dos días en la cuna del Bárbaro del Ritmo. Anduvimos todo el pueblo hasta que devino el regreso. En la pequeña estación de Lajas solo se repartirían algunos boletines para el viaje del mediodía. A nosotros se nos entregaron los tickets. Eran por ventura el 19 y el 20.

Antes de abordar el ómnibus, nos dimos cuenta de que nuestra breve estancia en la cuna de Benny Moré fue precisamente durante esos días del almanaque: 19 y 20. Fue una casualidad que, sin embargo, no nos pareció intrascendente.

Cuando estas cosas suceden o se reiteran, ya sea en sueños, presentimientos y sospechas, algunos criollos deciden probar suerte en la charada, un juego prohibido que algunos practican en Cuba y que se penaliza en la ley. Así lo hicimos por mera curiosidad.

Convenimos esperar el anuncio que, según versados, se revela a través de una emisora de radio radicada en otro país. Si bien los llamados “banqueros” se encargan de correr la noticia a afortunados y perdedores, nosotros utilizamos la vía telefónica.

“¡¿A ver, mijo, pa que tú quieres saber semejante cosa?!”, me dijo mi Madre desde Vertientes, minutos antes de indagar en el pueblo con una persona que, por supuesto, prefirió el anonimato. Ese día habían salido el 84, el 39 y el 23, que en la charada cubana significan Ciego, Conejo y Vapor. Nada que ver con nuestra apuesta.

Con este singular incidente comienzo una serie de crónicas sobre mi primer viaje a Santa Isabel de las Lajas, el rincón querido de Benny Moré. Reconforta hacer realidad un viejo anhelo que me trajo mucha paz y alegría, dos sensaciones completamente gratis, que estaban reservadas en la lotería de mi vida.

2 comentarios to “Charada”

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  2. angel mendoza Says:

    jejej, muy bueno, deber ser que esos son los asintos de camaguey, a mi esposa y a mi, en los multiples viajes a cuba, siempre nos tocan esos numeros, luego los jugamos aqui en la loteria, y nada, seguimos pobretones de bolsillos…

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