Cuando El Conde regresa a Vertientes

Escrito por Eliecer Jiménez Almeida

Con aires de nobleza lugareña regresó Enrique Benítez Mora, El Conde Negro, a su origen musical. La acera del destino lo hizo retornar a su génesis para hablar de su mejor amigo. Este lajero de noventa y un años de edad hoy vive en La Habana, sin embargo, recuerda con agrado los días que pasó junto a su compadre Benny Moré en el pequeño poblado del central Vertientes.

Los gruesos espejuelos que usa no le han podido empañar su enorme visión del mundo sonoro. He tenido la satisfacción de conversar con un hombre muy inteligente y educado, que posee una memoria enciclopédica. A pesar de su longevidad conserva una envidiable constitución física. Me quedé boquiabierto cuando lo acompañé a subir  las escaleras de la emisora de radio en Vertientes. No podía creer que remontara los escalones de dos en dos. A esa edad es casi imposible llevar la fortaleza y la pujanza de la juventud.

— ¿Dónde comienza la relación de Enrique Benítez Mora y Benny?

—Nosotros éramos primos, nacimos en Lajas, pero la leyenda musical comenzó aquí, en Vertientes, justamente en el cuarto número nueve del pabellón ocho, en uno de los albergues para obreros del central. Muchos músicos me han preguntado: ¿cuándo empezaste con Benny? Siempre les respondo: ¡cuando empezó él conmigo! Me costó trabajo enseñarle a tocar la guitarra. Siempre le recordaba que tenía que pronunciar bien la “R”. Nosotros los guajiros; como casi todos los campesinos, confundíamos la “R” con la “L”, eso es imperdonable para un cantante. En el año 1940 organizamos un trío de guitarras con Cheo Casanova.

La música no nos estaba dando mucho resultado y tuvimos que irnos a trabajar a una colonia cañera, en San Diego. Nos montamos en un  motor de línea hasta Capote y a partir de allí continuamos a pie. El conductor nos bajó porque no teníamos dinero para pagar el viaje.

Por esos días se escuchaba un número musical que estaba de moda: “(…) ¿por qué el tocororo tiene plumas colorá? ¿Por qué la tiñosa tiene la cabeza colorá? ¿Por qué el cangrejo camina para  atrás…? ” Y él, que era lo más ocurrente del mundo me dijo: ¿Por qué los perros se saludan por detrás…”? Ahí mismo nos tiramos en el suelo, con guitarras y todo, a reírnos. Usted sabe porque los perros se saludan por detrás.

Llegamos a la colonia y empezamos a guataquear, Bartolo había cortado caña en Jaguayal, pero no sabía trabajar en el campo. El mayoral vio que nosotros amenizábamos las noches y quiso que nos quedáramos. Después de ese día  nos daban las tareas más fáciles y la comida gratis, no obstante a eso me rajé y nos fuimos para La Habana a buscar vida con la música.

— ¿Cuál era el tema musical que más le gustaba escuchar en la voz del Bárbaro del ritmo?

—A mi me gustaron todos los temas que él interpretó, sin embargo, había uno que cada vez que lo cantaba me daba mucha risa. Se titula: “El cañón de la fiesta” y dice así: “Todas las mujeres de la noche tienen que bailar conmigo…” Una vez estábamos en un club, en el Vedado, y una mujer le preguntó: ¿quién es ese hombre que quiere bailar con todas las mujeres? Benny señaló para donde yo estaba y expresó: Ese es el compositor, dígaselo a él. Ella le respondió: “ese hombre está loco, es un fresco…” Por eso siempre que lo escucho me echo a reír.

— ¿Por qué compuso la canción: “El Conde Negro”?

—No me gusta hablar del Conde Negro ni de su canción, me parece  una paluchería. El sobrenombre me lo pusieron aquí, en Vertientes, por culpa de una de mis exesposas, madre de seis de mis hijos, que un día se puso brava y me dijo: “Conde Negro, ¡Un condenado es lo que tu eres…!” en mismo momento se me ocurrió la idea de componer una canción. Cuando Bartolo grabó el número y ella lo escuchó, al  poco rato ya no tenía mujer, me dejó solo con los seis muchachos… Ahora, después de viejo, le compuse una contra al Conde Negro.

— ¿Cómo fueron los años de bares y cantinas?

—Benny, Anselmo y yo teníamos en La Habana. Anselmo tocaba las maracas y pasaba el sombrero para recoger el dinero. Cantábamos en cualquier lugar y si la noche estaba mala nos montábamos en la lancha para Regla. Llegábamos al Mar y Tierra o al bar Buenos Aires, a las dos de la madrugada compartíamos y nos íbamos a casa. Así hacíamos todas las noches, casi por cuatro años. Llegó la zafra del cuarenta y cuatro y le dije al compadre que me iba otra vez para el campo. Él me respondió que se quedaba; en La Habana se moría o triunfaba, pero él no volvía al campo.

Antes de irme voy a un correo a enviar una carta y oigo al compadre en la emisora “Mil Diez” con Matamoros. Me quedé con dudas y esperé haber que pasaba, al poco rato salió otro tema al aire, me alegré muchísimo de la suerte de mi amigo. Un tiempo después recibí una carta donde me contaba de su trabajo y de Matamoros.

Se acabó la zafra y volví a La Habana. Entonces él se escondía de Matamoros para tocar conmigo en bares nocturnos. Después él partió para México y yo me quedé.

—En el viaje a México Benny se entera de que allá le dicen Bartolo a los burros ¿le molestaba que le dijeran su nombre?

—Allá se rían de él, a nadie le gusta que le digan burro. A partir de ese momento se lo cambia y comienza llamarse Benny, que es su nombre inmortal.

— ¿Cómo surgió la idea de la “Banda Gigante”?

—Íbamos para Santiago de Cuba, a los Carnavales de 1953, llegamos aquí y dormimos esa noche. Al otro día seguimos rumbo a Oriente, pero cuando salimos de Camagüey él me comentó que estaba cansado de que lo estuvieran explotando; me explicó como se habían aprovechado de él en el central Preston y en Santa Cruz del Norte. Yo le dije que eso le pasaba porque a él le daba la gana; con su renombre podía hacerse su propio grupo, y así fue, al regreso lo organizó todo y echó a andar la Banda Gigante.

Ensayamos un solo día, en la Cadena Azul de Radio. Benny nos citó para que estuviéramos al día siguiente en el mismo lugar, pero Celestino Suárez le dijo al compadre que a nosotros no nos hacía falta ensayar, que fuéramos así mismo y él le respondió que nosotros no teníamos ni ropa. Entonces Benny nos dijo que fuéramos con pantalón oscuro y guayabera blanca para Cascabel y Candado, a la CMQ. 

— ¿El Bárbaro del Ritmo le tenía miedo a los aviones?

—No se puede decir que era miedo. En una ocasión íbamos volando por encima de la Cienaga de Zapata, de pronto el avión se enredó en una turbulencia y él se acobardó un poco. En otra oportunidad veníamos de Panamá y se presentó un problema, el avión tuvo que descender en Costa  Rica, se volvió a poner muy nervioso. Creo que después de ese día le cogió recelo al aire.

—Bola de Nieve era un buen amigo del Bárbaro del Ritmo ¿Cuénteme que pasó en Venezuela?

—Los carnavales de Caracas eran muy aburridos porque allá no habían músicos. Tito, el representante nuestro, convenció a Benny para ir.  Entonces, el Sr. Pérez, quien nos contrató, prometió pagar 44mil dólares en tres pagos, la  mitad la pagaba aquí en Cuba, y los otros dos tercios allá. El hombre acabó siendo un descarado y el compadre se la cobró con unos golpes bien merecidos. Ahí es cuando aparece providencialmente Bola de Nieve y lo saca de la cárcel. Esa fue la  única verdad que salió en la película.

—Fina García Marruz, una poetisa que vivió mucho tiempo en el campo, expresó en cierta ocasión que él parecía un sinsonte en una mata de mango ¿qué dice usted?

Ella, a su modo, lo ha dicho todo en pocas palabras. No tengo nada más que agregar.

— ¿Que hay del Benny en el Conde Negro y que se llevó él de usted?

—Fui maestro de quien más me enseño, yo lo cultivé en la guitarra y el me mostró el mundo. Todo el modesto esfuerzo que empeñé con él me lo ha recompensado la vida con creces. Hoy vivo de la música que él cantó…

— ¿Cómo recuerda a su amigo?

—Todos los días de mi vida lo veo con su sombrero alón, su pantalón ancho, aguantado por tirantes y el bastón en la mano. Esperando a que lo recoja, puntual, siempre a las diez de la mañana, listo para darnos el primer trago del día. Nosotros nos queríamos mucho, él para mi nunca ha muerto.

2 comentarios to “Cuando El Conde regresa a Vertientes”

  1. Luis Andres Says:

    -En los pocos anos que vivi en Vertientes, converce mucho con el pintoresco VITICO,un hombre muy jocoso y jaranero,siempre vivio muy orgulloso de haber sido amigo del Benny,como el cuenta ahi siendo muy nino,tambien ha sido muy emotivo para mi ver en el Video a otras personas conocidasm asi como los diferentes lugares, con ese mismo sillon de limpiabotas , me sente en multiples ocaciones y comparti con el senor en su casa, pues una hija de la sra de este hombre , la acompane a su casa al salir de pase de su internado en Camaguey,llegue hasta todos los pobladores de Vertientes mis mas sincero saludos, ya que es un pqueno poblado muy acogedor y sobre todo muy servicial, hecho este que los pone muy en alto .

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    • Mike Mullet Says:

      Luego de haber leído esta excelente revelación acerca de la vida del gran Benny More, o Bartolo, indudablemente el critico de respeto debe solo asentir ante este trazo de vida, y, callar justo como lo hace el “Conde” cuando es requerido para que engrose el bello concepto perfilado por la Marruz. Equilibrada y reveladora entrevista que nos atrapa desde su presentación; con la cual sus protagonistas -tanto el entrevistado, los personajes y el entrevistador- nos permiten respirar el hálito vital e inspirador del Bárbaro del Ritmo.

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