No hay MAIL que por bien no venga

Mónica me envió mi primera postal de cumpleaños. Su amor y su cariño llegan desde Pereira, en la Colombia de Uribe y de Piedad Córdova, a unos cuántos kilómetros, pero a solo unos clics de distancia.

Hermes, en Miami, me reta sobremanera: “Espero hagas pública tu edad. O sería demasiado para un buen periodista esa confesión? Salud y suerte. Un abrazo de este viejo amigo y de María del Carmen, mi esposa, quien también sabe dónde queda la iglesia pero no la visita…como la chica del gran Noel Nicola.”

A punto de salir al aire mi noticiero, releo los primeros mensajes de Nailet, en Santa Clara, que se adelantó a la fecha y me mandó un beso de ella y de su pana. De Irael, en Santiago de Cuba “el lugar donde un día fui feliz” y de la vertientina Katia, que me posteó un mensaje desde Francia.

Desde una cafetería con wifi, en España, Gretel me felicita por mi cumple, dice que recuerda lo que quiero comer por estos días: “Tengo frente a mí un plato de aceitunas y traje manzanas en la mochila, la pelota te la debo porque aquí no se juega, estoy celebrando por ti”.

Gracias a todos. Por el momento estoy escuchando música, bebiendo un ron casero y con la plena certeza de que llegarán otras muestras de cariño. ¡Salud!

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