Solidaridad: una fórmula para que renazca Haití

Por Tay Toscano Jerez/ Radio Cadena Agramonte

A Haití le debo estas palabras; palabras todas que están en mi mente y mi corazón, pero que el asombro ante los hechos recientes ha mantenido retenidas hasta hoy…

A Haití le debo estas palabras porque tuve la oportunidad.- gracias a mi condición de periodista- de conocer de primera mano la realidad de esa pequeña porción del Caribe que nos es más cercana de lo que muchos podemos pensar.
Ver las imágenes desgarradoras de los últimos días ha sido una dura prueba para el equilibrio y la tranquilidad.  Ningún adjetivo puede describir tamaña desgracia, una más en la larga cadena que arrastra la más pobre nación de nuestra área geográfica y del mundo.

Es como si la naturaleza se ensañara con la pequeña nación que junto a la República Dominicana comparte la otrora isla de La Española; pero hay un ensañamiento aún de peores consecuencias y es la despreocupación con que “los poderosos”  miran hacia Haití, el punto más mencionado en las últimas jornadas.

Esas son las contradicciones; están ahí, todos los días en nuestro punto de mira: de un lado Estados Unidos envía tropas debidamente armadas y se toma la atribución de decidir quién si y quién no puede aterrizar en el Aeropuerto de la capital haitiana.  Triste, muy triste, desleal y poco favorecedora es su actuación.

Sin embargo,  y por fortuna, hay una contraparte  en la que podría mencionar a Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y a otros muchos países, por supuesto a Cuba, cuyos médicos y personal de la salud no descansan día y noche para salvar todas las vidas posibles sin vanagloriarse de esa actitud, porque sencillamente la ponen en función de unir esfuerzos, conocimientos y recursos para desterrar la muerte.

A estas horas no tengo ni la menor idea de la suerte que pueden haber corrido aquellos que en cuatro meses del año 2000, en la República de Haití, resultaron excelentes anfitriones; pobres sí, pero solícitos y dispuestos  siempre a que la labor de los periodistas cubanos en esas tierras caribeñas resultara fructífera; mas, albergo la certeza de que si llegan junto a mis hermanos de la salud sus vidas estarán a salvo en buenas manos.

Tal vez haya transgredido hoy la mesura que aconsejan los materiales periodísticos; pero a Haití le debía estas palabras que salen de mi mente y mi corazón.

Ahora sigo en deuda porque nadie puede permanecer impasible e indiferente ante el dolor; mucho menos quien gracias al Periodismo pudo comprobar que – en efecto – en Haití se conjuga lo real maravilloso, pero tiene una maravilla aún mejor que puede hacerla renacer: la solidaridad.

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