La mano que me falta en el hombro

luis_royal_Dirceo de Castro está sentado frente al ordenador, redactando su columna por el Día de los Padres. No es un tema por encargo, tampoco recomendado por sus dos ayudantes. Es una fecha de la cual no puede desligarse y, poco a poco, mientras se deja acompañar del cliquiti claquiti del teclado, cumple lo que alguien definió como “el susto a la cuartilla en blanco”.

Empezó por conceptualizar el despadre, fenómeno relacionado con los divorcios, algo tan frecuente y que le toca muy de cerca. Luego citó algunas trampas lingüísticas de la llamada Era de la Posmodernidad. Aquí utilizó las negritas y citó: producción independiente, matrimonios entre iguales, clonación, unión consensuada y un largo etcétera que le tomó varios párrafos.

Luego de tales eufemismos, Dirceo recordó que había apostado por la crónica, aunque no pudo evitar algunos ribetes de comentario que vinieron a su mente. A continuación desarrolló la siguiente idea, la cual parafraseó como pudo: “el hijo necesita de ambos progenitores, es decir, de uno de su mismo sexo con quien se identifica y que le proporcione un modelo para imitar en su camino hacia el estado adulto y de uno de sexo opuesto que se convierte en un objeto de amor capital”.

La cuartilla estuvo casi a punto, solo faltaba el cierre. Entonces el redactor se recreó en algunos datos referentes al despadre, su tema escogido. Citó personajes que, por abandono real, conservan los apellidos de sus progenitoras: Benny Moré, María Teresa Vera y Victor Mesa según consta en documentos de la época. Más tarde releyó las coplas que hizo Jorge Manrique por la muerte de su padre “ Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte”. Y luego “Diles que no me maten” de Juan Rulfo, donde aparecía un texto crucial: “Guadalupe Terreros era mi Padre. Cuando crecí y lo busqué me dijeron que estaba muerto. Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta.”

Las declaraciones de Elián, un niño cubano que volvió a Cuba luego de un triste episodio, también le sirvieron a Dirceo: “hoy es un día importante para mi, todavía me acuerdo de aquel día de hace varios años, cuando me regresaron a mi padre. Ese fue el día más feliz de mi vida”. Con lágrimas en los ojos, el chupa tintas, -como le conocen en el barrio-, releyó su cuartilla sabatina, le faltaba un título y optó por “El brazo que me falta en el hombro”, un juego intertextual con un poema de Alexis Díaz Pimienta intitulado “Versos al Padre”.

Fue entonces que Dirceo de Castro optó por el punto final, con la nostalgia de saber que si su Padre estuviese cerca le hubiese mostrado su columna del sábado, quién sabe si tuviese el mismo texto, las mismas oraciones, las mismas remembranzas.

3 comentarios to “La mano que me falta en el hombro”

  1. Leandro Says:

    Ese es el tono la forma se la damos luego.

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  2. Hey, este articulo es el que mas me ha gustado, no se si es que la influencia de la foto que me recuerda nuestros tiempos de universitarios. am I wrong?

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  3. […] además: La mano que me falta en el hombro, una segunda versión de este texto y Mi Padre en […]

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